sábado, 8 de octubre de 2011

LA IZQUIERDA ES NECESARIA


Para que un país exista verdadera democracia es necesaria la alternancia pacífica en el poder y para eso se necesitan, al menos, dos grandes partidos que aglutinen al ochenta por ciento de los votantes. Tradicionalmente los conocemos como izquierda y derecha. Vamos a respetar estos términos aunque estamos convencidos que pertenecen a épocas ya pasadas, ya que la llamada izquierda apareció mucho antes de que se fundaran los partidos comunista y socialista. Efectivamente las ideas de izquierda y derecha surgieron con la Revolución Francesa. Se cuenta que los diputados que defendían los derechos de la clase obrera se sentaban a la izquierda del hemiciclo en la Asamblea francesa y siempre llevaban alguna propuesta para defender a esta clase trabajadora de los abusos e injusticias que sufrían por parte de la clase privilegiada. Por esta razón, los diputados que defendían esta última, se preguntaban al comenzar cada sesión las ideas con las que vendrían los de la izquierda. Y ese parece ser el origen de estas denominaciones.

Hecho este paréntesis y centrándome en el núcleo principal de este artículo, vuelvo a insistir en la necesidad de una izquierda y una derecha que se alternen en el poder de manera natural. Es decir, que cuando uno de estos partidos pierda las elecciones, le entregue al otro el poder de forma civilizada y le ayude en los asuntos considerados de Estado, como son la unidad de la patria, la defensa de la misma ante posibles invasores, los acuerdos internacionales que favorezcan a la nación, la organización de la sanidad, educación y otros asuntos que repercutan de una u otra manera en el bienestar de los ciudadanos, aunque discrepen en las formas de gestionar la economía, o las relaciones internacionales. Estamos en vísperas de unas elecciones generales en las que los dos grandes partidos se disputan el Gobierno de la nación. Uno de ellos, la izquierda, lo tiene ahora y otro aspira a obtenerlo.

Pues bien en el caso de que el que aspira a él no lo obtenga, debe aceptar democráticamente los resultados y ayudar al otro en los asuntos de Estado que antes hemos citado y a la recíproca, si el que lo tiene lo pierde, también debe hacer lo mismo. Para eso se necesita una izquierda civilizada que vea dicha pérdida como algo natural y no una izquierda que no se resigne a ella y organice manifestaciones y alborotos en las calles sin venir a cuento y para no dejar gobernar al partido vencedor en las urnas.

Si queremos mantener el Estado de Bienestar tendremos que distinguir lo importante de lo que no lo es. Esto nos obliga a decir la verdad. A los ciudadanos les interesa que la distribución del agua o los transportes colectivos funcionen, no quien los gestione. Esto es un debate del pasado”

Son palabras de D. Nicolás Redondo Terreros, socialista desde su nacimiento ya que se puede decir que con el socialismo le salieron los dientes, al ser hijo del histórico dirigente de la UGT, del mismo nombre que sufrió persecución y cárcel en el régimen anterior. Declaraciones hechas hace unos días en Telemadrid, y que las he sacado de un artículo de Agustín de Grado publicado en la razón el 7 de los corrientes.

Esta izquierda es la que necesitamos los españoles para salir de la crisis económica y financiera que estamos padeciendo. Una izquierda que, en el caso de perder el poder, no se dedique a organizar algaradas callejeras ante las medidas de austeridad que el Gobierno que salga de las urnas necesariamente tendrá que tomar. Una izquierda que dialogue con la derecha si es ésta la ganadora o que la convoque para el diálogo si la triunfadora es ella. Si la izquierda y la derecha no colaboran, nunca saldremos de esta crisis, es más, la situación se deterioraría cada vez más y las consecuencias de este deterioro serían imprevisibles.

Las palabras del señor Redondo Terreros, son esperanzadoras, porque demuestran que en la izquierda hay personas sensatas que piensan con sentido de Estado y no solamente de partido y de poder. Y como el señor Redondo debe haber muchas personas en el partido socialista. Esperemos que, sea cual sea el resultado de las elecciones, tanto unos como otros piensen en España y en el bienestar de los españoles y no solamente en el de ellos y en el de sus respectivos partidos.